¿Cuántas veces hemos escuchado sobre mantener el equilibrio? A lo largo de mi vida he escuchado mucho sobre la balanza y encontrar el punto medio en las cosas y situaciones. Son de las cosas que uno da por sentado en la vida y con esto, no me refiero a que lo hagamos sin pensar sino todo lo contrario; sabemos que esa es la meta a lograr, pero la vemos o sentimos inalcanzable, que ya mejor la dejamos pasar. Nunca había cobrado tanto importancia en mi vida el mantener el equilibrio como ahora y la razón principal es porque por fin entendí por dónde empezar. Las frustraciones que cómo niños no nos enseñan a manejar y que como adultos nos acompañan debido a la poca madurez que muchos alcanzamos en la vida, está relacionado con este tema y sobre todo con el no saber atenderNOS y escucharNOS pero sobre todo, el no conectar con nuestras emociones y nuestro propio ser.
Conozco poca gente adulta que emana paz, que la ves, te sorprende y dices “es una persona zen y que se ve feliz sin importar lo que sucede afuera”. Es que justo es aquí donde está el balance perfecto, en darle la misma importancia al interior que al exterior y dedicarle tiempo a saciar esas necesidades internas que vamos dejando de lado como si no fueran importantes, y a la larga son las que nos llevan a estar frustrados, enojados o no sentirnos plenos aun cuando nos vaya muy bien en la vida y estemos rodeados de lujos.
Pocos son los que han entendido que, si trabajas mucho para lograr tus objetivos y metas de trabajo, de calidad de vida, etc. debes dedicarle igual fuerza y energía a tu interior. Y es lo mismo si solo te dedicas a meditar y a dinámicas que enriquecen tu espíritu y no haces nada por sobrevivir también estarás en desequilibrio.
Para poder empezar, que nunca es tarde, me sirvió verlo en los niños porque es mucho más claro. El exterior equivale a todas las actividades físicas que realizan en el día. Dinámicas de ejercicio, de movimiento hasta incluso los juegos rudos de luchitas que son parte de la vida de los hijos y justo este es el mejor de los ejemplos porque empiezan jugando y terminan a golpes reales y enojados. Eso sucede porque ya rebasaron su dosis de movimiento y de ejercicio exterior, es como si quisiéramos llenar un bote e ir pasando agua de uno a otro con una jarra. Cuando está lleno ya no le entra más, se desborda y ahora hay que ir por más agua. Pues justo el ir por más agua es la parte del interior que tenemos que llenar para que la irritabilidad baje y volvamos a tener energía.
Llenar nuestra jarra de agua que nos nutra es el interior y para esto hay actividades específicas que ayudan mucho y que a los niños les podemos enseñar como son meditar, yoga, pintar, dibujar, la música, leer un cuento, juegos de mesa. Todas estas actividades calman y sobre todo nos hacen conectarnos con nosotros mismos.
Pasamos mucho tiempo en la vida conectados hacia el exterior y con el deber ser todo el tiempo, vivimos en la prisa de la vida y la competencia de la que somos esclavos y ahora más que nunca hasta manipulados por la propia tecnología, quien haya visto el documental de redes sociales lo entenderá y si no lo han visto se los recomiendo mucho. Pero esto no es culpa de nadie, en realidad nadie nos lo enseñó ni se los enseñaron a nuestros padres ni abuelos, etc. De ahí la importancia de hacerlo nuestro para enseñarlo a nuestros hijos y que puedan llegar a ser adultos más conscientes y felices con ellos mismos.
Por otro lado, nos dedicamos muy poco a nosotros mismos. Lo peor de todo es que estamos a una sola respiración de poderlo lograr, con sólo tomarnos unos minutos entre actividades, donde respiremos conscientemente, con esto nos estamos conectando y dando espacio para ir llenando nuestra jarra de energía.
Esta parte de la energía desbordada nos sucede mucho a las mamás, la verdad es que pasamos la vida haciendo muchas cosas y poco nos dedicamos a nosotras en este sentido interno y los niños agotan física y emocionalmente, unas etapas más en un aspecto que en otro. Si no nos nutrimos nosotros mismos nadie lo va a hacer, si no buscamos espacios donde llenar nuestra jarra de energía de ¿dónde queremos dar más?: NO PUEDES DAR LO QUE NO TIENES, así como que NO PUEDES ENSEÑAR LO QUE NO HACES.
Hay que aprovechar los momentos de paz y tranquilidad para darnos oportunidades de conexión verdaderas. Siempre hay un momento incluso entre inhalar y exhalar hay un segundo donde no hay ninguna de las dos, en ese preciso instante es donde puedes conectarte y cargarte. El objetivo está en hacer de esto una rutina, una forma de vida y como cualquier hábito hay que practicarlo constantemente. Puedes empezar, como yo, en que cada cambio de actividad me doy un momento para hacer varias respiraciones profundas que me lleven a ese momento de paz interior y de conexión. Al final del día terminas más en paz, te das cuenta que reaccionas mucho menos desde tu inmadurez. Al estar en contacto con nosotros mismos de forma constante y regular somos mucho más conscientes de nuestras acciones. Tomamos las riendas de la vida y dejamos de navegar como la marea nos vaya llevando. Lo más importante, es que estamos enseñando y ayudando a que nuestros hijos alcancen su madurez y lleguen a ser adultos más seguros de sí mismos y felices con ellos mismos.
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